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jueves, 1 de febrero de 2018

Un SEAT 124 Especial 1800 grupo 4 participará en el Rallye Monte-Carlo Histórico.

Las competiciones de coches clásicos han protagonizado un impresionante auge en los últimos años, desde que a finales de la década de los ochenta del pasado siglo se comenzara a crear una auténtica cultura de competición histórica. Las Mille Miglia italianas demostraron que los coches antiguos podían volver a la vida y salir de sus apolillados museos y garajes, sin riesgo para su integridad, ni la de sus pilotos. La "fiebre" de los rallyes clásicos no se popularizó realmente a nivel continental hasta la siguiente década, cuando empezaron a definirse las normas internacionalmente. Y se crearon dos variantes: competición pura y regularidad. Como norma general, los coches participantes deben tener un mínimo de 25 años (en algunos rallyes exclusivos, incluso más) y, según el organizador, se les exige mayor o menor "pedigrí" (historial, palmarés u originalidad) o preparación deportiva.

La regularidad es la clave

La regularidad no era un concepto nuevo: en los años '50 y '60 todos los rallyes se disputaban bajo esta fórmula, con medias de velocidad impuestas que había que ir cumpliendo en todo el recorrido. La regularidad “moderna” ha renacido de dos formas: una "soft", apadrinada por la FIVA (Federación Internacional de Vehículos Antiguos) y otra "heavy" o "Sport", bajo el paraguas de la FIA y sus Federaciones Nacionales de Automovilismo. ¿La diferencia? la primera se disputa a carretera abierta al tráfico y con medias inferiores a 50 Km/h. La variante Sport requiere cerrar tramos como si de un rallye de competición se tratase, las medias de velocidad son más elevadas; y se requieren licencias y medidas de seguridad en los coches y en sus ocupantes.
Piloto y copiloto tienen que compenetrarse muy bien, ya que deben pasar por cada punto de control -que son secretos-, con una precisión de centésima de segundo. Parece fácil, pero no lo es en una carretera llena de curvas, sin saber dónde está escondido cada sensor de control. Como las diferencias entre ganar y perder se estiman en apenas un puñado de puntos tras muchos tramos y kilómetros, la cosa se complica aún más. Y es que resulta muy difícil mantener la media exactamente y hasta la décima (por ejemplo, 45,3 Km/h) y con sucesivos "cambios de media" a lo largo de cada tramo sin perderse... ya que se puede medir hasta un centenar de kilómetros, cruzando poblaciones, zonas con tráfico, cruces...
Hasta hace pocos años, el copiloto sólo contaba con tablas de papel y un cronómetro, además de un medidor de distancia electro-mecánico, denominado genéricamente "retrotrip". Era necesario un constante esfuerzo de cálculo e ir cantando al piloto las referencias varias veces por kilómetro. Los modernos sistemas de cronometraje digitales por "transponder" o "GPS" han dejado obsoletos a los comisarios "crono-en-mano" desperdigados por la carretera y han desterrado los errores humanos. La electrónica digital ha venido en su ayuda simplificando el proceso -primero- con las "speed-tables", después con los aparatos tipo Blunik (que ya hacían el cálculo de distancia y tiempo y hasta compensaban desviaciones); y ya, más en la actualidad, con programas de ordenador y tablet que ofrecen todo tipo de información, con luces y avisadores acústicos, instantáneamente, metro a metro. Este instrumental solo requiere de una calibración precisa de su sonda, normalmente conectada a las ruedas. Cada rallye ofrece un "tramo de ajuste" en el "roadbook" para que los participantes ajusten sus aparatos antes de la salida y los sincronicen con la medición oficial.
El piloto se centra en seguir las instrucciones del copiloto y del propio aparato; y en conducir siempre por la derecha, que es por donde se midió el rallye. Trazar las curvas significa "comerse" metros y falsear los tiempos.

La magia del Rallye Monte-Carlo Histórico

Por renombre y complejidad, estamos en el paradigma de los rallyes históricos. Aunque parezca mentira, se disputa "a carretera abierta" (con tráfico a favor y en contra), con la complicación adicional del hielo y la nieve habituales de los Alpes Marítimos. Eso obliga a llevar una variedad de neumáticos (normales y de clavos) que hacen casi imprescindible contar con un coche de asistencia. Es más, para optar a la victoria también es casi imprescindible un "ouvreur": un coche del equipo que circula por la carretera con anterioridad y va indicando cualquier eventualidad del terreno y dónde hacen falta clavos.
El Automobile Club de Mónaco no da más que un esbozo de "roadbook" con los puntos principales de paso, lo que implica que cada tripulación debe hacerse el suyo propio, entrenando previamente todo el recorrido. Otra peculiaridad del Rallye Monte-Carlo Histórico es que conserva su viejo formato, con salida desde media docena de ciudades europeas, forzando a hacer un agotador recorrido de concentración de cientos de kilómetros durante más de 24 horas sin descansar, antes del primer tramo cronometrado. Luego, tras largas etapas, se acaba con la "noche del Turini" en los más famosos puertos de montaña próximos a Mónaco, habitualmente cubiertos de hielo.

El inolvidable regreso de SEAT al Monte-Carlo

SEAT celebró en la pasada edición del Rallye Monte-Carlo Histórico el 40 aniversario de la gesta que la marca consiguió en 1977 en los tramos monegascos, cuando ganó la Copa de Marcas gracias al tercer puesto de Zanini, al cuarto de Cañellas y al séptimo de Salvador Serviá en ese rallye: ¡tres coches entre los 10 primeros!
Para esa ocasión especial, el equipo SEAT Coches Históricos trabajó durante meses en la restauración de un SEAT 124 Especial 1800 grupo 4. Y lo alineó en el rallye con la pareja Salvador Cañellas y Daniel Ferrater, dos de los protagonistas de la proeza de 1977. Fueron una de las atracciones para el público, tanto en los tramos como en los parques cerrados y zonas de asistencia, y causaron una gran sensación.
En esta edición del rallye histórico, el equipo SEAT Coches Históricos regresa a esos míticos tramos con ilusiones renovadas. Salvador Cañellas y su inseparable copiloto Daniel Ferrater se volverán a poner a los mandos del espectacular SEAT 124 Especial 1800 grupo 4, réplica exacta del modelo con el que hicieron historia en 1977. Este automóvil es una de las piezas más valiosas del patrimonio histórico de vehículos de SEAT Coches Históricos, pero no será el único SEAT en carrera, pues también participarán dos modelos más de su colección: un 1430 y un 127.